::08-06-2004
EL DESPERTAR DE WOTAN
Por Jorge Carrillo

Wotan es uno de los personajes centrales del ciclo de “El Anillo”. Como él mismo explica en “Siegfried”, es la némesis de Alberich, “el Alberich luminoso”. Wagner, como no podía ser menos, traduce en música este rasgo que vincula a ambos caracteres, para lo cual, a la par que subraya las evidentes diferencias que existen entre ambos, también los dota de algunos elementos comunes. Por esto, Wotan y Alberich comparten, de entrada, un mismo registro vocal, el de barítono.

Por supuesto, los puntos en común entre estos dos personajes no terminan ahí. Wagner comienza a mostrarnos estos incluso antes de que el mismo Wotan aparezca sobre la escena: la transición entre la primera escena de “Das Rheingold”, en la que Alberich roba el oro para forjarse el Anillo, y la segunda, en la que se nos presenta a los dioses, de los que Wotan es la cabeza visible, se realiza por medio de dos motivos conductores, que, en resumidas cuentas, son dos variantes de una misma idea musical. Podríamos, simplificando un poco las cosas, decir que en la transición entre estas dos escenas se nos muestra el contraste, y a la vez el parecido, entre los mundos sonoros de Alberich y Wotan (no será la última vez a lo largo del ciclo) y, los motivos que escuchamos en ella, identifican a dos elementos íntimamente relacionados con el nibelungo y con el dios, respectivamente: el Anillo y el Walhall.

O más concretamente, lo que escuchamos es cómo el motivo del Anillo se transforma en el motivo del Walhall. El motivo del Anillo está construido sobre un acorde de novena, menor en alguna de sus apariciones, mayor (y por ello más disonante) en otras. Un acorde de novena está formado por cinco notas. La más grave, que llamaremos fundamental, y cuatro mas que se le agregan (su tercera, su quinta, su séptima y, por fin, su novena, que es la que da nombre al acorde). Partiendo de do, un acorde de novena estaría formado por: do, mi, sol, si y re.

El motivo del Anillo, en su última aparición antes de que haga acto de presencia el del Walhall, está formado por: mi bemol, sol, si bemol, re bemol y fa. Ahora bien, su distribución es tal que, en cierto sentido, “forma círculos” (Wagner nos recuerda también en su música la forma redonda, del anillo, o dicho de otra manera, la manera en que la ambición de poder se cierra en sí misma): el acorde de novena está partido en sus diferentes terceras, que se cierran sobre sí mismas, así, primeramente escuchamos conjuntamente las notas (siempre empiezo por la más grave) re bemol – fa, después si bemol – re bemol, sol - si bemol, mi bemol – sol, para hacer seguidamente el camino inverso y “cerrar el círculo”: mi bemol – sol, sol - si bemol, si bemol – re bemol, y re bemol - fa.

La sensación que nos transmite este juego es la de inestabilidad, la de no tener los pies bien asentados en el suelo. Un acorde de novena mayor, como éste, es de por sí bastante inestable, y lo es más todavía en una transición de este tipo, en la que lo encontramos prácticamente fuera de cualquier contexto tonal sólido, y para colmo, con unas características rítmicas (las notas más largas comienzan siempre en las partes débiles del compás) que contribuyen a crear la incomodidad que busca Wagner. El Anillo es sinuoso y resbaladizo, como aquel que lo forja, y, a lo largo de toda la obra, será un objeto muy poco de fiar…

Apenas hemos acabado de escuchar el motivo del Anillo, aparece el motivo del Walhall, en un luminoso re bemol mayor. Melódicamente es muy similar al anterior, pero, donde encontramos un claro contraste es en su planteamiento armónico: a diferencia del anterior, este motivo, se basa en una armonía muy estable, formada por la típica cadencia perfecta, emblema de la estabilidad. Una vez más, Wagner pone nuevamente con gran habilidad en música aquello que nos transmite el drama: los dioses buscan con el Walhall precisamente eso, seguridad y estabilidad. Rítmicamente, este motivo es mucho más equilibrado que el del Anillo. Mientras el primero estaba en 4/4 y las mayores duraciones correspondían a las notas que comienzan en la segunda parte del primer compás y la última del segundo (ambos motivos duran dos compases), éste está en 3/4 (compás que, curiosamente, en el Barroco era uno de los atributos musicales de la divinidad) y, aunque la mayor duración la encontramos también en la segunda parte del primer compás, aquí la duración de la primera nota del motivo y de la última es la misma, siendo el “círculo” mucho más perfecto y estable.

Así mismo, la orquestación del motivo del Walhall es mucho más luminosa (al predominar el viento-metal) que la del Anillo, que se caracteriza por su carácter introspectivo.

Vemos sobre en escena a la diosa Fricka que observa el Walhall recién construido y despierta a Wotan, su esposo.
Al igual que el motivo del Walhall, la impresión que nos da Wotan en esta su primera intervención es la de una gran majestuosidad. No solo majestuosidad, sino además determinación y seguridad en sí mismo: el Wotan de “Das Rheingold” es un dios joven y ambicioso que parece tener muy claro lo que quiere. Wagner, para llevar estos rasgos del carácter de su personaje a la música, se vale de utilizar en su línea vocal (lo cual sirve también para mostrar un contraste con Fricka, de la cual ya trataremos en futuros artículos) movimientos interválicos muy estables. Así observamos que en el canto de Wotan predominan sobre otros, los movimientos de cuartas, quintas (intervalos muy puros en el sentido más físico de la música, son los más consonantes tras la octava y el unísono) y repeticiones consecutivas de una misma nota (aquí encontramos una nueva relación entre la simbología musical wagneriana y la simbología musical barroca: en el Barroco esta figura representaba lo inmutable, lo estable, e incluso lo divino, lo cual viene que ni pintado para caracterizar también a Wotan).

Seguidamente, según se va desarrollando el diálogo entre Wotan y Fricka, va a aparecer en la orquesta otro motivo que va a ser consustancial a Wotan a lo largo de la tetralogía: el motivo de los pactos.

Este motivo suena por primera vez cuando Fricka recuerda a Wotan que él prometió a los gigantes (constructores del Walhall), como pago por este encargo, nada menos que a la diosa Freia.

En su construcción, consta de doce notas naturales (excepto el si, que es bemol) que descienden por movimientos conjuntos(es decir, nota a nota: si bemol, la, sol, fa, mi, re… hasta el siguiente mi). La presentación del motivo se da de manera que éste está prácticamente aislado. Es decir, Fricka está realizando su advertencia a Wotan, y es respondida por éste, casi a modo de recitativo, prácticamente desnuda de todo acompañamiento orquestal, y en ese momento es cuando aparece el motivo, hasta tres veces, en un contexto tonal que evoca una tonalidad de Re menor, pero que en ningún momento la define, completamente, y que finalmente se apartará de ella. Otra observación necesaria sobre este motivo es que, parte de valores breves (aunque su primera nota es una negra, en el primer compás predominan las corcheas) y finaliza en otros de mayor duración, negras, de tal manera, que uno tiene la sensación de no poder escapar de las imposiciones de dichos pactos, representados musicalmente de esta manera.

Esto, unido a sus características melódicas (una escala descendente, como habíamos dicho) hacen que de, esta manera, Wagner logre un efecto muy importante: este motivo ha de ser implacable. Y así es, pues a lo largo de todo el ciclo, los pactos que se realizan se van a volver siempre en contra de aquellos que los realizan, y de una manera fulminante. Así Wotan habrá de matar a Siegmund, no podrá recuperar el Anillo, el juramento de sangre de Siegfried y Günther se volverá contra ellos, etc. Cada vez que nos enfrentamos a uno de estos sucesos reaparecerá el motivo de los pactos.

© Jorge Carrillo [e-mail]

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