::2004-25-01
Alberich, una caracterización musical
Po Jorge Carrillo

Pinchando en escucharás los ejemplos musicales.

En el ciclo de “El Anillo del Nibelungo” aparecen solamente dos de estos seres (los nibelungos) como caracteres principales, Alberich y su hermano Mime. El resto del pueblo de los nibelungos tiene una aparición fugaz en el escenario, en la tercera escena de “El Oro del Rhin” y es descrito en diferentes momentos por la orquesta, pero de los integrantes de esta especie, sólo estos dos tienen un papel cantado.
Alberich y Mime, por tanto, al ser ambos nibelungos y tener además una relación de parentesco tan estrecha, lógicamente comparten muchas características a nivel musical, sobre todo en lo que al uso del leitmotiv se refiere: los motivos musicales que caracterizan a su pueblo son básicamente los que van a servirnos para identificarles a ellos.
Como el lector sabrá, las voces masculinas se suelen clasificar en tres tipos principales: tenor, barítono y bajo, siendo los tenores los que tienen la voz más aguda y los bajos la más grave. Esto viene al caso porque la primera diferencia que nos encontramos en la caracterización de ambos caracteres, y tal vez la más evidente, es que el papel de Alberich está escrito para barítono mientras que el de Mime está concebido para un tenor. Los cantantes que interpretan a Alberich generalmente poseen una voz un tanto oscura mientras que los intérpretes de Mime suelen ser tenores casi de tipo “cómico”, aunque el personaje no lo sea mucho. Este recurso tan inmediato de cara al oyente, como es diferenciar por la tesitura y el timbre a dos personajes con muchos motivos musicales comunes, no lo utiliza Wagner solamente con los nibelungos, en futuros artículos veremos que con los gigantes, Fasolt y Fafner, pasa otro tanto.

Centrándonos ya en Alberich, es significativo prestar atención al momento en el que realiza su primera intervención en la obra. Tras el luminoso preludio en el acorde de tónica de Mi bemol Mayor y lo que podríamos llamar la “presentación” de las Hijas del Rhin, nos encontramos cómodamente instalados en Si bemol Mayor (dominante del tono en el que comenzó la obra) y, de repente, nos vemos instalados en el acorde de Sol menor (tónica del relativo menor de Si bemol), que va a permanecer como nota pedal (una nota pedal es aquella que permanece sonando durante varios compases o se repite muy frecuentemente durante ellos constituyendo un punto de referencia para el oído).

Mientras esto sucede aparece uno de los motivos que van a caracterizar a los nibelungos y concretamente a Alberich. Antes de entrar directamente a explicarlo es pertinente hablar un poco sobre los intervalos musicales. Un intervalo es la diferencia de tesitura entre dos notas (es decir, cuánto mas aguda es una que otra). Si vamos del Do al Re más próximo, por ejemplo, hemos hecho un recorrido de una segunda. La mayor parte de los intervalos pueden ser mayores o menores (recorreríamos una segunda menor si fuésemos del Do al Re bemol): todos excepto la cuarta, la quinta y la octava, que son denominadas justas. También existen otro tipo de intervalos, los aumentados y disminuidos, pero de momento no vamos a necesitar de ellos para explicar este motivo en cuestión.

Volviendo a la entrada de Alberich, nos encontramos con el acorde de Sol menor (Sol, Si bemol, Re) y sobre la quinta del mismo (Re) nos encontramos primeramente, casi a modo de mordente, un Do# (el cual forma una segunda menor con re), justo después casi una repetición de los mismos sonidos, pero ahora con la segunda menor que se forma sobre el Re descendente (la nota que “muerde” esta vez es un Mi b), el Re sigue permaneciendo como pedal y las siguientes veces la segunda menor es sustituida por una cuarta justa descendente (Sol-Re) y una sexta menor (Si b – Re), actuando así durante tres compases el Re como segundo pedal (ya teníamos el Sol) y afirmando de esta manera el acorde de Sol menor (con excepción de los mordentes que forman la segunda menor, las demás notas pertenecen al acorde).
Hasta el momento Alberich no ha hecho su entrada (la hará justo en el siguiente compás), pero el oyente, que hasta ahora se había limitado a disfrutar de las habilidades natatorias de las Hijas del Rhin descubre de pronto que algo ya no va bien. No sabe todavía que, pero está claro que algo está pasando. Wagner de esta manera nos está anticipando en sólo tres compases, no solamente el futuro más inmediato (la aparición de Alberich) sino que, además, y con una maravillosa capacidad de síntesis, todo lo que representa el personaje: la corrupción. Esta se manifiesta en los pentagramas con el emponzoñamiento por medio de mordentes por segundas menores de los hasta ahora puros y arpegiados juegos de las Hijas del Rhin.

Inmediatamente después entra la línea melódica correspondiente al papel de Alberich. Ahora en la orquesta ha cambiado una cosa: los Re hacen también el papel de mordentes (cuando lo son de una nota del acorde, es decir, Sol o Si b, en el caso de las segundas menores sigue haciendo el Re la función de nota principal): con este simple y aparentemente nimio, pero hábil detalle logra Wagner dar un mayor dinamismo a la línea melódica principal de la orquesta, línea en la que se apoya la parte vocal del cantante durante esta primera intervención de Alberich.
Hasta este momento hemos estado hablando de los mordentes, pero quizá no nos hemos centrado en el porqué de que éstos estén ahí. Una de las habilidades de Wagner, en lo que se refiere a la elaboración de sus motivos conductores, era el que sabía convertir de manera muy eficaz en música las imágenes que se hallaban en el subconsciente colectivo del hombre occidental de su época. Bien es verdad que no es una habilidad exclusiva ni un invento suyo: ya en épocas pasadas nos encontramos multitud de figuras musicales que representan estados de ánimo concretos (pienso en las escalas cromáticas descendentes que en la época de Bach representaban la aflicción y el dolor), pero lo cierto es que, a diferencia de lo que pasa con algunas de estas “imágenes” de otras épocas, las de Wagner continúan muy vigentes: quizá porque nuestras ligaduras con el siglo XIX siguen siendo muy fuertes.
Pues bien, con estos mordentes, Wagner lo que nos está describiendo son los andares tambaleantes y sinuosos de Alberich y manifestando una imagen de ser contrahecho y deforme que contrasta con la belleza y perfección de los arpegios de las Hijas del Rhin.

El génesis del otro motivo principal que define a Alberich y su pueblo hemos de verlo también en esta primera escena. Si observamos la línea vocal de Alberich hay un ritmo que predomina sobre los demás: corchea con puntillo – semicorchea – corchea. Alberich se vale de él casi constantemente, pero no sólo podemos observarlo en su parte: no es extraño encontrarlo en los demás personajes cuando éstos se refieren directamente a él. Por poner un ejemplo muy claro, las Hijas del Rhin utilizan este mismo ritmo seguido de tres corcheas cuando se ríen de Alberich justo antes de que éste robe el oro (y la orquesta lo repite en tono burlón).

Este mismo ritmo (corchea con puntillo – semicorchea – corchea, seguido de tres corcheas) va a ser el que caracterice el martilleo de los nibelungos y el que interprete la orquesta y posteriormente los yunques en solitario en el célebre descenso al Nibelheim. Nuevamente Wagner actúa con una gran habilidad a la hora de asociar elementos musicales de una manera muy descriptiva: el primer rítmico nos sigue sugiriendo el cojeo de los nibelungos, parece como si tras la corchea uno no encontrase donde apoyarse (puntillo), pisase fugazmente en la semicorchea y finalmente asegurase el apoyo en la corchea. Las tres corcheas siguientes, son como reiterativos golpes de martillo, y aquí Wagner acierta una vez mas al asociarlas con la risa de las Hijas del Rhin : Esa risa y burla martillea la conciencia de Alberich y sirve como catalizador en su decisión de robar el oro. Otra característica de este motivo es que cuando ya aparece como tal, melódicamente es muy parco, repiqueteando sobre una misma nota y moviéndose como mucho una tercera sobre ella. Esta austeridad y reiteración melódica sirve para realzar las características de martilleo ya manifestadas por el ritmo: el continuo excavar del pueblo nibelungo en una noche sin esperanza buscando tesoros para su señor, el cual está preso de si mismo, martilleado por los ecos de su propia ambición y codicia sin límites.

© Jorge Carrillo
[e-mail]

2004 © ringdesnibelungen.com - All Rights Reserved | English |