 |
|
::2004-25-01
Alberich en El Oro del Rhin
Por
John Weinstock
En la primera
escena de El oro del Rin, del ciclo operístico
El anillo del nibelungo, de Richard Wagner, Alberich,
el enano, se adueña de un oro en estado puro y con
esta acción toma lo que muchos han llamado el primer
paso del hombre hacia el conocimiento, hacia la civilización.
Todo esto moviéndose en la coexistencia dentro de un
estado primitivo, armonioso y libre controlado por la naturaleza.
Tal acción por parte de Alberich, sin embargo, lleva
consigo una represión del sentimiento natural, del
instinto y del amor. En realidad el núcleo del Anillo
es una idea tomada de la filosofía anarquista. Esta
idea afirma que la búsqueda del poder político
es incompatible con el amor. Esta es una idea predominante
a lo largo de todas las óperas que componen el Anillo,
y es presentada en el mismísimo comienzo de El
oro del Rin, cuando Alberich opta en sacrificar el amor
con el fin de apoderarse del oro, con el cual forja un poderoso
anillo. Alberich es un nibelungo, raza de enanos que viven
en parajes subterráneos, conocidos por ser hábiles
herreros, pero no precisamente apuestos. La importante relación
del contraste estético entre lo hermoso y lo feo también
se produce en la primera escena del ciclo operístico.
En los personajes de El oro del Rin encontramos
tres estereotipos: los dioses que tienen un monopolio sobre
la belleza, y opuestos a ellos los gigantes y los enanos nibelungos.
En la primera escena, Alberich se encuentra en el fondo del
río Rin con tres encantadoras y bastante ingenuas doncellas.
Estas doncellas custodian un fragmento de oro en bruto. La
vida cotidiana del nibelungo está privada de belleza,
por lo que su atracción por estas doncellas es inmediata.
Cada una de ellas lo engaña despiadadamente, haciendo
que Alberich sienta el ardiente deseo de atrapar alguna de
las doncellas y seducirla. Pero cada vez que él logra
acercárseles, ellas le rechazan por su fealdad. Cuando
sale el sol e ilumina el oro, las doncellas cuentan a Alberich
acerca de su secreto, que sólo alguien que esté
dispuesto a renunciar al amor podrá transformar el
oro en un anillo, con el cual podrá gobernar el mundo.
Dado que la tentativa de cortejar a las doncellas no ha tenido
éxito, Alberich renuncia heroicamente al amor y viola
al oro en su lugar. En la segunda escena, Loge nos informara
acerca de cómo Alberich, efectivamente, ha forjado
el anillo con el oro, y como sin compasión o amor ha
conseguido, despiadadamente, obligar a sus congéneres
nibelungos a extraer cada vez más oro. Será
en la tercera escena de El oro del Rin cuando
Alberich presente sus planes de hacerse con el dominio del
mundo: Su verdadero objetivo no es la riqueza, más
bien el gobernar el mundo por medio de la tiranía.
Si él no puede conseguir amor por la vía natural,
entonces explotará a cualquier otra persona que añore
el oro, comprando sexo. Alberich le dice a Wotan y Loge:
¡Vuestra avaricia por el oro os esclavizará!
Primero los hombres cederán ante mi poder,
Y luego vuestras encantadoras mujeres
...
¡Garantizando por la fuerza a Alberich
Lo que el amor no pudo ganar!
En la segunda escena de El oro del Rin nos encontramos
con los dioses, incluido Wotan (el dios principal), su esposa
Fricka y la hermana de esta, Freia. Wotan ha hecho un pacto
con los gigantes por medio del cual se ha convenido que estos
le construyan una magnifica fortaleza: el Walhalla. Esta fortaleza
realzará el prestigio y estatus de Wotan como regente
del mundo, una posición que Alberich planea desafiar.
El convenio implica que los gigantes recibirán, a modo
de pago, a Freia, la diosa del amor. Como miembros desvalidos
del mundo de Wotan (Fasolt en especial), los gigantes también
se sienten faltos de la belleza como parte de sus vidas, lo
cual mejoraría con la posesión de Freia. Wotan,
al abandonar Freia a su suerte, parece también haber
renunciado al amor con tal de obtener el poder. Entonces es
cuando Loge narra ante la asamblea de dioses y gigantes que
lo que mayor valor tiene para un hombre es la belleza de la
mujer y el amor, pero que le han llegado noticias que Alberich
justamente ha renunciado rotundamente al amor y gracias a
esto creado un anillo poderoso. Inmediatamente, Wotan y Fricka
son inmediatamente conscientes de lo que el anillo podría
hacer por ellos:
Fricka:
¿Podría una mujer usar el anillo de oro para
encantar a su señor?
Wotan:
(como en un estado de embeleso en aumento)
Este anillo deberá ser pronto de Wotan
Aquí tenemos ya una primera demostración del
deseo envidioso de obtener lo que no se posee. Resulta también
que Freia es la guardiana de las manzanas de oro, necesarias
para que los dioses mantengan su eterna juventud. Por eso,
cuando los gigantes se la llevan como rehén, en espera
de recibir otra alternativa de pago, los dioses inmediatamente
envejecen. Entonces Wotan y Loge deben apresurarse en ir a
Nibelheim y tratar de arrebatarle el anillo a Alberich, para
así recuperar a Freia y sus manzanas de los gigantes.
En Nibelheim, Alberich atormenta a su hermano Mime, quien
le ha hecho un yelmo. Este yelmo permite a su portador hacerse
invisible, cambiar de forma o incluso transportarle al instante
de un lugar a otro. Al igual que muchos otros en El
oro del Rin, Mime es alguien en busca de poder, pero
de forma cobarde. Mime quiere servirse del yelmo para sus
propósitos, pero no sabe como utilizarlo. Será
Alberich quien pronuncie el hechizo correctamente, haciéndose
invisible para seguidamente azotar a su hermano con un látigo.
Wotan y Loge arriban y se enteran entonces de los planes de
Alberich acerca de cómo usar el oro. Loge engatusa
entonces a Alberich a demostrar como funciona el yelmo (Wagner
se vale aquí de un episodio del cuento El gato
con botas, donde el gato convence a un ogro en transformarse
primero en un león y luego en un ratón, para
entonces comérselo.). Alberich se transforma primero
en un dragón (presagiando lo que pronto hará
el gigante Fafner), impresionando a Wotan y Loge. Cuando Loge
le pide entonces hacerse diminuto, Alberich se transforma
en un pequeño sapo, siendo entonces capturado por Wotan
y Loge.
De vuelta en la superficie, Alberich se entera que el precio
por su libertad es el oro que ha extraído a la fuerza,
utilizando a los nibelungos. Invocando el poder del anillo,
Alberich convoca a los nibelungos para que traigan el oro
a la superficie, teniendo que soportar además la vergüenza
de presenciarlo. Loge agregará también el yelmo
a la pila. Alberich puede soportar toda esta humillación,
dado que puede utilizar el anillo para obtener más
oro y forzar a Mime a forjar un nuevo yelmo. Pero la amargura
y la furia lo llenan completamente cuando Wotan le dice que
también debe entregar el anillo. Wotan entonces, con
violencia, arranca el anillo del dedo de Alberich. El nibelungo
pronuncia entonces una maldición sobre el anillo:
Dado que una maldición (su renuncia
al amor)
lo ganó para mí,
¡Maldito sea este anillo!
Dado que su oro me trajo riquezas
déjale ahora sólo traer muerte.
¡Muerte a su portador!
Quien anhele el poder tiránico, siempre será
derrocado por el deseo de otros de obtener este mismo poder,
siempre deberá estar de guardia y poca dicha tendrá.
Alberich añade:
Quién posea el anillo será su esclavo,
hasta que retorne a esta mano
Alberich es entonces dejado en libertad, siendo su única
preocupación durante el resto del ciclo operístico
el recuperar su anillo.
© John Weinstock [e-mail]
|
|